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LA VERDAD SUPREMA

Sectas Destructivas - Terrorismo Religioso

Casi 10 años después, el 4 de noviembre de 1989, comienzan a registrarse, en Tokio, Japón, casos de secuestros y asesinatos de personas que tienen en común ser miembros del secta destructiva 'La Verdad Suprema' y que quieren abandonarla en contra de la voluntad de su líder.
Shoko Asahara, líder de " La Verdad Suprema"
Estos acontecimientos se extienden hasta que, el 27 de junio de 1994, mueren 7 personas en un atentado terrorista ordenado por Shoko Asahara. Esto, sin embargo, resultó ser sólo un ensayo para otros atentados. 


En menos de un año, el  20 de marzo de 1995, el líder ordena a sus seguidores colocar bombas de gas sarín neurotóxico en el sistema de transporte del Metro de Tokio.

Diez días más tarde, el 30 de marzo de 1995, el jefe de la Policía es herido de bala por seguidores de Shoko Asahara, y, el 23 de abril del mismo año, el Ministro de Ciencia de Tokio es acuchillado por un fanático del culto frente a las cámaras de TV. Seis semanas más tarde, los mismos adeptos efectuaron otro atentado terrorista de grandes proporciones en otra estación de metro. Afortunadamente, el mecanismo de la bomba falló y pudo desactivarse. De no haber sido por este fallo técnico, hubieran muerto cerca de 20,000 personas. En marzo de 1996, las autoridades detienen a un grupo de adeptos que se dirigían en “misión a Zaire” para obtener muestras del virus de Ébola y usarlo como arma biológica contra sus detractores. Finalmente, el 27 de febrero del 2004, tras 8 años de un proceso judicial lleno de dificultades, Shoko Asahara es condenado a morir en la horca.
Fuente: Víctimasecta.com

Verdad Suprema
El 20 de marzo de 1995 miembros de la apocalíptica secta Verdad Suprema atentaron con gas sarín, diversas estaciones y líneas del ferrocarril subterráneo de Tokio. Las inocentes víctimas fueron once muertos y más de cinco mil lesionados.

Japón, la tierra del Imperio del Sol Naciente, es una nación donde florecen todo tipo de sectas. Se calcula que allí hay unas 200 mil distintas. Esto porque tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial el emperador Hirohito renunció a su calidad de "dios viviente", tal como lo prescribía el shintoísmo, religión mayoritaria de esa nación y su devoto pueblo quedó en la más absoluta orfandad. Fue tal el desconcierto de sus atribulados y perplejos súbditos que comenzaron a emerger sectas del más variopinto estilo. Uno de los "iluminados" que fundó su propio movimiento religioso fue el ciego de nacimiento Shoko Asahara.
Llegó al mundo hace poco más de medio siglo. Estudió acupuntura, aparentemente en busca de un remedio para su mal y comenzó su vida profesional instalando una farmacia en las afueras de Tokio. Sus inicios fueron poco santos pues fue detenido por vender remedios falsos. En febrero de 1984 fundó la secta denominada Asociación de la Bendición Celestial que fue la precursora de "Aum", término sagrado en sánscrito que no tiene traducción y significa algo así como "amén", y representaba el estado de vela, de sueño y de ensoñación del yo.

En aquel tiempo sus seguidores no subían de la decena. Predicaba la levitación y como una forma de promocionar el movimiento se mostraba a algunos discípulos en el aire. Se supo, posteriormente, que los levitantes no eran tales. Saltaban después de un pinchazo en los glúteos. También exhortaba a sus discípulos a realizar pruebas de resistencia que recuerdan al ascetismo zen, tales como meditar debajo del agua. Pero, lo más importante era la sumisión que le debían los fieles, quienes debían entregarle todos sus bienes. Esto pronto lo convirtió en un hombre con una considerable fortuna. Sin embargo, la predicación comenzó a ser más lucrativa cuando viajó con una decena de sus discípulos a los montes Himalayas. Al regresar, anunció que habían sido liberados de la esclavitud terrenal y comenzó a difundir un mensaje apocalíptico. Profetizaba que el mundo terminaría el año 1997, después de una guerra mundial iniciada por un ataque nuclear estadounidense contra Japón. Sólo sus discípulos, agrupados en la secta Aum Shinri Kyo, que significa "La Verdad Suprema de Aum" (denominación que adoptó la secta en 1987) se salvarían del holocausto.

La "laguna milagrosa"
En agosto de 1989, el Gobierno Metropolitano de Tokio aceptó la inscripción de la secta como un grupo religioso, capaz de acceder a beneficios tributarios. Con tantos nuevos movimientos religiosos era imposible que las autoridades conocieran las doctrinas y prácticas de la totalidad de ellos. En la Verdad Suprema se cometían brutalidades con los adeptos. Se supo que con frecuencia algunos eran sumergidos en agua hirviendo y que un sectario había fallecido. Los fieles más cercanos al profeta tenían el privilegio de beber de la "laguna milagrosa", cuyo líquido era el agua donde éste se bañaba. Además, todos eran sometidos a una dieta estrictísima, compuesta sólo de arroz y verduras. Con el tiempo hubo algunas reacciones en contra de las actividades que ocurrían en la secta. La respuesta fue rápida, el 4 de noviembre de 1989 desapareció el abogado T. Yokohama, junto a su esposa y su pequeño hijo de un año de edad, quien ejercía las acciones destinadas a descubrir lo que internamente sucedía.
Paso el tiempo y la opinión pública y la policía nipona prácticamente desconocían la existencia de la secta Verdad Suprema. Ni siquiera porque su exótico y siniestro líder, interesado en la política, se presentó como candidato al Parlamento en 1989. Durante su campaña lo acompañó un grupo de acólitos vestidos de blanco portando máscaras de elefante. Pero los fanáticos se estaban preparando para lo que consideraban sería el fin del mundo. Así fue como en junio de 1994 siete personas murieron en una zona residencial a causa de intoxicación con gas sarín. Nadie sospechó que los causantes del atentado pertenecían a un grupo religioso. Los sectarios no descansaban. En febrero de 1995 fue secuestrado, en una concurrida calle de Tokio, un notario cuya hermana intentó abandonar el culto.


Un olor nauseabundo en el metro
Luego los acontecimientos se aceleraron. Entre las ocho y las nueve de la mañana del día 20 de marzo de 1995, como ocurre diariamente, más de tres millones de personas utilizan el metro de Tokio para llegar a sus lugares de trabajo y estudio. En ese lapso, desconocidos dejaron paquetes en los vagones de tres líneas y en 16 estaciones de la red metropolitana. Murieron once personas y más de cinco mil sufrieron diversas lesiones. Algunos testigos coinciden al indicar que vieron a un hombre, de traje oscuro y gafas de sol, que dejó debajo de un asiento del tren un paquete, envuelto en papel de diario y encerrado en una bolsa de plástico, del cual se desprendía un olor nauseabundo. Este correspondía a una mezcla de gas sarín, una sustancia fuertemente tóxica, y otro fluido. El sarín es tan tóxico que el uso de unas pocas gotas provoca la muerte.
El atentado significó que se realizara el mayor operativo policial de la historia de Japón, desde la Segunda Guerra Mundial con resultados positivos pues Shoko Asahara y una decena de sus seguidores fueron arrestados. En los allanamientos a las sedes sectarias, la policía confiscó toneladas de productos químicos y otros materiales peligrosos. En una de ellas descubrió a una mujer encerrada en una urna metálica que gritaba por salir. Unos cincuenta seguidores fueron encontrados en estado de semi inconsciencia, aparentemente por inanición dentro de una capilla destinada a la veneración del gurú. Decenas de niños estaban desnutridos y ni siquiera recordaban el nombre de sus padres.
Increíblemente muchos adeptos llevaban puestos el "gorro de la felicidad", una capucha de lana entretejida con alambre y conectada a una batería que emite un leve zumbido y que creían tenía como objeto sintonizarse con las ondas mentales del profeta. Algunos también tenían las cejas pintadas de verde. Lo más sorprendente es que la mayoría de los fieles de la secta eran personas provenientes de familias de buena posición social y muchos habían logrado títulos universitarios y de post grado. Entre ellos había bioquímicos, médicos, físicos e ingenieros. Sus extrañas prácticas no impidieron que Ashara tuviera unos diez mil seguidores en Japón y unos veinte mil en el extranjero, especialmente en Rusia. Desde su ingreso, los fieles dar pruebas de su absoluta sumisión entregando a la secta su patrimonio. En las sedes de la colectividad se encontraron millones de yenes en billetes y unos diez kilos de barras de oro. Sin embargo el arresto del líder no detuvo a los sectarios. Diez días después del ataque al tren subterráneo, el jefe de la Agencia Nacional de Policía fue herido gravemente por disparos efectuados por un desconocido frente a su residencia en Tokio. Más tarde, un paquete explosivo, dirigido al gobernador de la capital nipona, estalla en el edificio del gobierno metropolitano. Luego, hubo dos ataques más a una multitienda y a una estación de ferrocarril cerca de Tokio. Después de estos atentados, el principal científico del grupo murió apuñalado en el exterior de uno de los edificios de la secta en el centro de esa ciudad.
El 30 de junio de 1995, el Gobierno Metropolitano de Tokio y los fiscales asignados al caso del atentado al tren subterráneo intentaron cancelar el carácter de grupo religioso que gozaba la seca Verdad Suprema. Sólo en septiembre de 1995, los cadáveres del abogado Yokohama y su familia, secuestrados en 1989, son hallados y exhumados. Habían sido enterrados en distintos lugares montañosos. El proceso judicial es lento y los miembros de la secta niegan reiteradamente su participación en el ataque al tren subterráneo y los otros atentados. En octubre de 1995 uno de los líderes de la secta es arrestado por perjurio en su testimonio antes los tribunales y, días más tarde, un médico y colaborador cercano del profeta admite que la secta produjo el gas sarín utilizado en el ataque al metro de Tokio. Esta declaración determina que la Corte del distrito de Tokio ordene la disolución de la secta la Verdad Suprema; pero ésta apela a la Corte Suprema cuyos integrantes rechazan la petición, que indicaba que la orden de disolución era inconstitucional.
De esta forma, las acusaciones en contra de Shoko Asahara se van sumando. Es arrestado por su presunto intento de asesinar con gas a dos hombres, en ataque separados. Posteriormente es acusado del asesinato de un ex seguidor del culto y el ataque con gas en contra de un abogado que trabajaba en representación de los oponentes de la secta. En el desarrollo del proceso algunos miembros comienzan a inculparse. El 21 de marzo de 1996, el ex jefe de inteligencia de Verdad Suprema admite su participación en el ataque con gas al metro de Tokio y, al día siguiente, tres miembros de la secta, incluido su líder, son condenados a distintas penas por su responsabilidad en la producción de gas sarín. Pocos días más tarde, un importante dirigente del movimiento se declara culpable de los cargos de asesinato del abogado Yokohama y su familia. Un día después la Corte del Distrito de Tokio declara en bancarrota a la secta.
El 10 de abril de 1996, Seiji Tashita miembro del grupo, es condenado a presidio por su participación en el ataque al tren subterráneo. En ese fallo se establece que Shoko Asahara, el profeta, fue el autor intelectual del atentado. El proceso no se ha detenido y muchos seguidores de la siniestra secta han recibido diversas penas por su participación en los actos criminales ordenados por el gurú de la secta Verdad Suprema. Cuando ocurrió el siniestro crimen masivo un portavoz gubernamental declaró: "Este tipo de ataque contra inocentes es una atrocidad del todo detestable, un asesinato indiscriminado". Paradojamente, la secta no desapareció y ha vuelto con una fuerza renovada.

La secta aún vive
Aunque los miembros de la secta Verdad Suprema son vigilados por la policía, cada día reclutan mayor número de fieles a pesar de la orden judicial de 1995 que resolvió la disolución del movimiento por su conducta "antisocial". Además, según un informe de la Oficina de Investigación de la Seguridad Pública, se mantiene intacto el nivel de peligrosidad de todos y cada uno de sus miembros. Entretanto, la secta catastrofista aprovechando una mínima rebaja en los precios del caro suelo japonés, a causa de la recesión económica, ha comprado diversas propiedades en el área de Tokio. Su método consiste en adquirir los inmuebles en remates, tras la quiebra de sus dueños, siempre a través de otras compañías o corredores de propiedades. La policía japonesa calcula que Verdad Suprema cuenta con al menos 33 edificios y más de cien residencias colectivas en todo el país. Más aún, congrega entre dos a seis mil leales seguidores del encarcelado Shoko Asahara. Según las últimas investigaciones, 170 personas, un 40% de los 428 fanáticos arrestados y posteriormente puestos en libertad, han retornado a la secta. Más de 600 seguidores viven en residencias de la propia organización, mientras que el resto lo hacen en sus domicilios.
Shoko Asahara y su equipo de confianza se enfrentan a un proceso judicial el cual llevará el líder, con casi toda seguridad, a la pena de muerte. Sus abogados han intentado enredar el caso y buscar cualquier resquicio de la ley para evitar una sentencia condenatoria. En su comparecencia número cien ante el tribunal de Tokio, en noviembre de 1998, el ciego y obeso profeta insistió en justificar los beneficios de su maléfica doctrina: "Quería evitar el sufrimiento a los que no conocen la única verdad, la única libertad y la única felicidad", proclamó con absoluta frialdad.

Extraído de Revista "Conozca Más".

Fuente: fortunecity.es

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